Escribir un libro se parece a un embarazo.
Quizás esta sea mi percepción porque los cuatro libros que tengo publicados los he escrito estando embarazada.
En ambos casos comienzas de la nada: una hoja en blanco o dos células diminutas e imperceptibles. En ambos casos, sientes vértigo.
Como en un embarazo, el proceso de escritura es increíblemente gratificante, pero, a la vez, está lleno de subidas y bajadas. Y de dudas:
¿Lo estaré haciendo bien?
¿Cumplirá las expectativas?
¿Seré capaz de llegar a la fecha prevista?
Como en un embarazo, con el devenir de los meses empiezas a estar hasta las narices. Sobre todo cuando llega el momento de corregir los originales y tienes una barriga enorme que no te deja llegar al ordenador desde la silla 🙂
Pero después llega el momento, ese momento. El momento en el que le ves por primera vez, lo sostienes entre tus manos y piensas: ¡Qué maravilla! ¡Esto ha salido de mí!
Con mis hijos no tengo dudas, los amo tal y como son.
Los libros, si los releo dentro de un tiempo, comenzaré a sacarles fallos.
Pero no importa, o procuraré que no me importe, porque sé que he dado lo mejor de mí y que han sido revisados por las mejores profesionales, que están publicados por una editorial de tanto prestigio como es Paraninfo y que ahora yo también formo parte del equipo de correctores de esta editorial.
Tres hijos, cuatro libros, otro en camino (un quinto libro, no un cuarto hijo 😂)… Quizás vaya siendo el momento de plantar un árbol.
Entrada escrita en el año 2021. Consulta todas mis publicaciones aquí.

