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Posverdad: impacto de los algoritmos y las fake news

“Detrás de un algoritmo hay una persona con un conjunto de creencias personales”. Esta frase podría resumir la esencia de la charla TED titulada El sesgo moral detrás de los resultados de búsqueda y realizada por el periodista Andreas Ekström. En ella, a partir de la anécdota, Ekström propone una reflexión general: que la imparcialidad no es posible, que es un mito, porque un algoritmo no se crea a sí mismo, sino que es generado por una persona con sus propios valores, con su ética, con su moral…

Andreas Ekström comienza su charla asegurando que los estudiantes emplean Google como motor de búsqueda porque les funciona, porque no conocen otra opción o porque creen en esa supuesta imparcialidad del buscador. Además, el periodista explica cómo funciona el algoritmo de Google para la búsqueda de imágenes y cuan sencilla es su manipulación: solo es necesario poner un título en la leyenda de una imagen y en el nombre con el que dicha imagen se sube a Internet. De este modo, es posible manipular el buscador e incluso orquestar campañas de difamación, como las generadas contra Michelle Obama y Anders Breivik. La diferencia entre ambas campañas es que en la primera Google intervino de forma manual, mientras que en la segunda, el gigante tecnológico dejo a los internautas hacer. Y este es precisamente el segundo quid del relato, el asombroso poder de Google para decidir sobre si una causa es justa o no y para modificar los resultados de su buscador. 

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es markus-winkler-bcvjjpu5rg4-unsplash.jpg

Stephanie Busari, por su parte, también arranca su charla, Cómo las noticias falsas hacen realmente daño, con una anécdota. En este caso, sobre el terrible secuestro de centenares de jóvenes nigerianas por parte de Boko Haram. A este respecto, la periodista explica cómo se filtró el bulo de que este secuestro era falso y cómo este hecho, esta fake new, tuvo como consecuencia un gran retraso en la puesta en marcha de acciones institucionales para tratar de devolver a sus casas a las mujeres secuestradas.

Con su charla, Busari pretende hacernos reflexionar sobre las consecuencias que las noticias falsas tienen para la vida de las personas. En este sentido, la periodista nos insta a percatarnos de nuestra responsabilidad, en cuanto a que todos nos convertimos en editores al compartir los contenidos a través de Internet.

Los periodistas filtran, contrastan y se cuestionan los temas, incluyendo los intereses que puedan tener las personas al contar sus historias. Sin embargo, a la vez, como ciudadanos debemos tener cuidado de no creer todo lo que se nos dice y también tendríamos que cuestionarnos de dónde salen los contenidos y qué intereses ocultos puede haber detrás.

En mi opinión, la principal conexión entre ambas Ted Talks es que las dos nos instan a cuestionarnos. A cuestionarnos la imparcialidad de Google, de los periodistas y de cualquier persona que nos comparta un contenido. ¿Por qué lo hace? ¿Cuáles son sus intereses?

Asimismo, los dos periodistas aluden también a nuestra responsabilidad como consumidores y como editores de contenido, en lo cual nos convertimos por el mero hecho de compartir.

En este sentido, también se nos invita a reflexionar sobre el poder informativo: el poder que tiene el buscador y el poder que tenemos como ciudadanía, como opinión pública y como masa crítica (o acrítica). 

Particularmente, estoy de acuerdo en que la profesión periodística se está enfrentando a grandes retos: aún no todos hemos asumido los enormes cambios que el universo digital ha traído consigo, y ya nos toca enfrentarnos a un nuevo obstáculo: la era de la posverdad, donde lo emocional y lo ideológico resulta más relevante que los hechos; la era del algoritmo, que nos “infoxica”, sobresaturándonos de información tendenciosa y sesgada; la era de las fake news, con cuya creación y difusion pretenden engañarnos y condicionarnos.

Responsabilidad, compromiso, pluralidad y transparencia deberían ser valores bajo los que realizar nuestra labor periodística.

A este respecto, en primer lugar, me gustaría señalar la responsabilidad de algunos medios de comunicación, que utilizan noticias falsas o medias verdades como cebo o clickbait para conseguir más visitas. De este modo, puede que logren una rentabilidad a corto plazo y un aumento de sus ingresos publicitarios. Sin embargo, pierden en la credibilidad y en el rigor que se les presupone a los medios de comunicación y, en consecuencia, este beneficio económico será, esperemos, únicamente a corto plazo.

En segundo lugar, cabría señalar también la responsabilidad de aquellas personas o grupos organizados que se dedican a generar y a difundir noticias deliberadamente falsas, incluso creando falsas cabeceras informativas online para tal fin. ¿Con qué objetivo? Me cuesta entenderlo. 

Y, precisamente por estos motivos, como ciudadanía debemos estar atentos a estas cuestiones y asumir nuestra responsabilidad a la hora de consumir contenidos informativos. Tal y como se ha expresado anteriormente, nos toca aprender a filtrar, a discernir, a cuestionarnos y a contrastar.

Pero, para que la ciudadanía alcance este objetivo, los periodistas debemos contribuir a su formación. ¿No se supone que el periodismo debe formar, y no solo informar y/o entretener? Pues ahora, más que nunca, debemos ejercitar esta misión.

Asimismo, como periodistas tenemos que aprender a ser más humildes y concienciar a la sociedad de que la imparcialidad no existe, que informaciones, noticias falsas, algoritmos y cualquier otra cosa en la vida creada por la mano humana está sujeta a una serie de valores y de creencias subjetivas.

Sin BUEN periodismo, no hay democracia.

En cualquier caso, es nuestra obligación señalar (y asegurarnos de que la ciudadanía lo entienda) si lo que estamos haciendo es expresar una opinión, contando una noticia, difundiendo un hecho con sesgo ideológico o publicando marketing de contenidos. En mi opinión, cualquier cosa es lícita, siempre y cuando se haga con transparencia.

En conclusión, como periodistas somos responsables de lo que decimos, de lo que compartimos, de formar a la ciudadanía y de contrastar y filtrar cualquier información, incluso aquellas que nos duelan por no ser afines a nuestra ideología. Y, como ciudadanos, debemos formarnos para comprender el mundo en el que vivimos y tratar de evitar informarnos única y exclusivamente en aquellos medios que nos hacen sentir bien porque nos dan la razón de forma sistemática, pese a que los propios algoritmos, tanto de Google como de redes sociales, nos inciten a ello.

Responsabilidad, compromiso, pluralidad y transparencia deberían ser valores bajo los que realizar nuestra labor periodística. Y, ahora más que nunca, debemos actuar como filtro, contrastando las informaciones y ejerciendo de cordón sanitario contra la mentira y la falsedad. Recordemos que, sin BUEN periodismo, no hay democracia.

Este es un trabajo realizado para la asignatura Audiencias y opinión pública, del máster en Periodismo y comunicación digital: Datos y nuevas narrativas, de la Universitat Oberta de Catalunya.

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